EL ARTE DE LA ORATORIA
Oratoria
Asi hablaron ellos...
La oratoria resuena en la historia de Colombia . Desde Bolívar hasta los noventa de este siglo (más o menos 70 años) la palabra hablada manda. La consideran signo de lúcida mente e intención valerosa; síntoma de voluntad de conducción; ánimo de convencer y de atraer amigos.
En el siglo pasado y en buena parte de éste casi no se preguntaba si un dirigente político o gubernamental era talentoso y recto, sino si sabía hablar. Se su‘ponía que el buen decir garantizaba honradéz e inteligencia.
Indudablemente, tele-medios de comunicación han menguado la oratoria. Para muchos seguidores de un carrera política o testigos de un ascenso de opinión, no importa mayor cosa lo que dice el personaje sino como luce y como gesticula en la pantalla. Por eso han ganado aceptación los "asesores de imagen" más que los ordenadores de ideas, los guardadores de lógica, los celosos de la ética de los correctores del leguaje.
¿Desaparece la oratoria? Puede estar pasando por ámbitos sin acústica, pero al fin y al cabo es creación de belleza y no se le ha decretado la pena de muerte. En lo que tiene de persuasiva, de clarificante, de orientadora, sigue sobre la tierra y entre los seres humanos. Leer de nuevo "oír" los discursos de algunos oradores colombianos de este siglo y del pasado, es no sólo reencontrarse con su palabra sino darle vistazos a la historia. Y en no pocos de ellos constatar la vigencia de sus argumentos. En esta compilación aparecen:
Simón Bolívar, con su discurso ante el Congreso de Angostura, pronunciado el 19 de febrero de 1819, es decir a punto de iniciar la Campaña Libertadora y 168 días antes de la batalla de Boyacá. Bolívar habla de "la gloria de vivir en el movimiento de la libertad".
Antonio Nariño, con su apabullante defensa ante el Senado, en la cual pareció crecerse frente a las inculpaciones. La hizo el 14 de mayo de 1823, siete meses antes de su muerte en Villa de Leyva. "Al principio del reino de Tiberio, -dijo- la complacencia, la adulación, la bajeza, la infamia, se hicieron artes necesarias a todos los que quisieron agradar... Desde la hora en que triunfe el hombre atrevido, desvergonzado, intrigante, adulador, el reino de Tiberio empieza y el de la libertad acaba".
José María Obando, derrocado de su segunda presidencia por José María Melo, acusado por enemigos suyos de haber sido cómplice secreto de ese golpe de Estado, es conducido ante el Congreso que busca destituirlo oficialmente. Dice Obando: "En aquel día se inauguró la barbarie...".
Tomás Cipriano de Mosquera es víctima de una conjura que le quita el poder en 1867. Lo acusan ante el Senado de Plenipotenciarios de la compra secreta de un buque, del cierre del Congreso y de medidas antieclesiásticas. "No tengo fuerza -dice él- para rechazar la fuerza, pero tengo algo más, el derecho, que está de mi parte, y la opinión nacional que la veréis triunfar con el trueno de la verdad...".
José María Rojas Garrido defiende al general Mosquera, su presidente, y se defiende él, como Canciller. Habla el 12 de octubre de 1867: "... nos defendemos, no ante vosotros, sino ante la Nación, apelando de nuevo a su juicio imparcial contra el vuestro..." Y en la Convención de Rionegro, en
0 comentarios